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Adriana Berra | Voluntaria y Donante

 

Desde pequeña siempre he tenido una pregunta que aún hoy no tiene respuesta.

Por qué algunas personas nacen en familias contenedoras con necesidades básicas insatisfechas, con oportunidades de crecer… y otras nacen en familias con carencias tanto espirituales como materiales, con pocas oportunidades para salir adelante.

Esta pregunta me llevó desde muy joven a trabajar y estudiar para lograr que todos desde el lugar donde nacen tengan igualdad de posibilidades.

En este camino me encontré con Hábitat para la Humanidad Argentina, compartiendo este deseo y considerando que si una familia sin recursos tiene una casa que lo cobije y acompañamiento social, todo será mucho más fácil.

Es mi deseo más profundo: seguir en este camino y colaborar en la medida de mis posibilidades a construir un mundo más justo e igualitario.

Gracias Hábitat por dejarme acompañarlos.

 

Palabras de su nombramiento como Miembro de Honor
Octubre 2019

 


 

Emanuel Lentini | Donante 

 

Apoyo a Hábitat para la Humanidad Argentina porque ayudan a la gente a ver sus propias capacidades para estar mejor… y le dan oportunidades de poner en práctica estas capacidades.

También porque hace visible el valor de trabajar por algo que uno o su familia necesita… hace visible el sentido del esfuerzo, y a la gente que tiene la oportunidad de participar de Hábitat, le cambia la vida.

 

Agosto 2019

 


 

Leo Hernández | Donante y voluntario

 

Es una pregunta que solo puedo responder pensando y sintiendo: tanto a  las familias que no pueden acceder a una vivienda adecuada como a los profesionales activos y comprometidos de HPHA.   

Cuando hace un poco más de 10 años tomé contacto con la organización, su misión y sus programas, comenzó un proceso de aprendizaje que me llevó a buscar comprender el desafío del acceso a la vivienda e involucrarme con la causa. Gracias a ese recorrido pude darme cuenta que, sin desconocer el rol indelegable del Estado en garantizar el derecho a la vivienda adecuada, solo con el compromiso de todos se podrán encontrar soluciones reales a uno de los grandes problemas sociales de nuestro país. HPHA nos ofrece la posibilidad de sumarnos a otras voluntades que a nivel individual, familiar y colectivo trabajan para lograr mucho más que casas.  

Acompañar a HPHA es sentirse parte de un ecosistema de personas e instituciones que trabaja para por una vivienda digna y alcanzable que genere oportunidades para que las familias puedan desarrollar todo su potencial. Gracias por la oportunidad de ser parte.

 

Julio 2019


 

St Paul’s, Bellingham

Este año recibimos una generosa donación de parte de St Paul’s, Bellingham, una iglesia de Seattle, Estados Unidos, gracias a la iniciativa de Steve McMinn, uno de nuestros grandes aliados.

La empresa de Steve tiene sobrantes de madera, que se venden al costo a las cooperativas de agricultores locales. Un amigo, Dick Whitmore, le provee a Steve las cajas de cartón para que vaya acumulando la madera que sobra. Se empaqueta y luego se lleva a las cooperativas. La ganancia de este trabajo es “pura” ya que la camioneta que usan para transportar la madera es prestada por otro amigo de la iglesia y tanto la gasolina como el tiempo es donado.

Este emprendimiento solidario de la venta de leña comenzó hace 10 años cuando la iglesia de Bellingham estaba juntando fondos para que los estudiantes de secundaria fueran a Guatemala para trabajar con una comunidad indígena. La hija de Steve era una de sus estudiantes y es así como Steve se acerco a Dick para proponerle este emprendimiento.

Hace un par de años dejaron de llevar a jóvenes a América Central pero siguieron con el emprendimiento de venta de leña donada, y ahora donan los ingresos a diferentes organizaciones internacionales, como Hábitat para la Humanidad Argentina.

Según las palabras de Dick “ninguno busca reconocimiento por hacer algo que Dios espera de nosotros”.

 

Junio 2019


 

Sergio Díaz Monnier | Voluntario y Donante

 

Tomé contacto con HPHA hace ya cuatro años a través de un voluntariado que organizó la empresa donde trabajo. Recuerdo que me sumé porque venía de haber pasado un año muy difícil en lo personal y había comprendido que parte de lo que tenía que hacer para estar mejor era destinar tiempo a los demás.

Al principio me pareció positivo sumarme a una jornada de ayuda social con otros compañeros de trabajo pero, una vez terminado el primer día de “OBRA”, entendí lo que realmente significaba que Yami y Leo me abrieran las puertas de su futuro “HOGAR” y me permitieran formar parte de algo tan valioso para ellos. Fue tal mi fascinación que, al otro día, conversando con mi equipo de trabajo sobre cuál había sido mi experiencia, decidimos al menos un día al año compartir un día de construcción con una familia.

Soy un convencido de que si queremos lograr un mundo mejor es necesario colaborar con otras personas a mejorar su calidad de vida. Para eso es importante no sólo ayudar, sino también fomentar, concientizar y crear el hábito en las personas que nos rodean.

Gracias Hábitat y gracias a todos los voluntarios y donantes por ser parte de este gran proyecto!

 

Mayo 2019

 


 

Laura Pelizzatti | Donante y Voluntaria

Desde que tomé contacto con HPHA sentí que todo granito de arena que podría sumarles tenía sentido en pos de anhelar transformar vidas a través de algo tan fundamental y a la vez tan difícil de obtener para la gran mayoría de nuestros connacionales como es un lugar digno para vivir, para crecer en familia, para desarrollar los propios dones y que nos permita aspirar a formar comunidad.

Es por ello que, en oportunidad de mi festejo de cumpleaños Nº 50 no dudé en pedirles a mis amigos que en vez de regalos, aportaran voluntariamente a esta organización para ayudarme a cumplir el sueño de que más personas accedan a la casa propia. Todos se sintieron muy motivados y a la vez, agradecidos por poder ser parte.

Les y nos auguro que aún en estos tiempos difíciles, no bajemos los brazos y persistamos en esta obra que nos enriquece el corazón cada día.

 

Abril 2019


 

Alberto Gurevich | Donante – Voluntario

Yo empecé a apoyar la misión de HPHA en 2013, a través de un voluntariado internacional de tres meses durante el cual conocí bien a fondo cómo funciona la organización. Vivo en Estados Unidos desde los 13 años de edad y en HPHA encontré una oportunidad de demostrar mi agradecimiento por la suerte que la vida me concedió y reanudar mis vínculos con el país donde nací. Colaborando con HPHA pude ver como muchas familias de recursos limitados obtienen una vivienda digna con la ayuda de voluntarios como yo, pero principalmente gracias a su propio esfuerzo.  Después de mi voluntariado inicial, sigo apoyando a HPHA durante mis visitas a la Argentina y con una contribución mensual que ayudara a muchas familias cumplir sus sueños.

 

Marzo 2019

 

 

Cintia y Martín están juntos hace 10 años y ambos nacieron en El Saladero. Son padres de Valentín, que ya cumplió 2, y ambos tienen distintos trabajos y cuentan con ingresos informales. Tienen el terreno desde hace cinco años, donde vivían en una casa chica de chapa y madera, un antiguo vagón de tren, que con mucho esfuerzo recuperaron para convertirlo en su vivienda.

 

Siempre con la ilusión de poder construir, la familia participó activamente en los Ciclos de Talleres y en las actividades comunitarias desde que HPHA inició sus actividades en alianza con DOW Argentina, hace tres años en Bahía Blanca. Con mucha constancia y esperanza se presentaron en tres ocasiones como postulantes para la Casa Semilla, y fue en diciembre de 2018 que recibieron la noticia de que habían sido seleccionados para la autoconstrucción.

 

Después de la inauguración de su nueva Casa Semilla, el pasado 18 de octubre, Cintia recuerda:

 

Conocimos a Hábitat hace tres años. Eramos poquitos porque la gente no cree, te dicen del proyecto y vos decís, es mentira. Hasta que no ves, no creés.

Eramos cuatro familias anotadas, y estaba mi hermana entre ellas hasta que Silvana salió seleccionada. Y yo dije, voy a seguir intentando, no me voy a quedar con los brazos cruzados. Tuvimos que esperar un año más, y me volví a anotar.

Volví a hacer los cursos de un mes que hay que hacer y volví a quedar preseleccionada con la familia de Carolina Salazar, que quedó seleccionada. Me puse feliz porque ella realmente lo necesitaba por sus hijos.

Y la tercera les dije, este año no me voy a anotar porque no quiero ilusionarme nuevamente, pero Marina (equipo HPHA) me insistió. 

 

En febrero de 2019 se realizó la Palada Inicial y comenzaron el proceso de autoconstrucción de la casa que fue terminada e estamos inaugurando por contar con todas las etapas finalizadas el viernes 18 de octubre de 2019.

 

Fue un año con muchas emociones. En diciembre firmamos el contrato y a fines de febrero empezamos con la palada inicial que fue lo más lindo: hicimos la platea y una semana después vinieron voluntarios de Estados Unidos (Programa de Aldea Global) y estuvieron trabajando en casa. Vinieron con la platea y cuando se fueron ya estaban todas las paredes.

 

Al momento de pensar en los agradecimientos, Cintia evoca a los voluntarios, a las brigadas de Dow, de Banco Patagonia y a su propia familia, sin la cual no hubiera podido encarar este cambio en su vida.

Hace un año y medio contábamos que la familia de Carina y Diego se habían mudado al edificio Estela de Esperanzas. La tranquilidad de su nuevo hogar le dio a Carina el impulso para retomar un sueño largamente pospuesto: estudiar una carrera. Siempre, por una razón u otra, lo había postergado: primero quería estudiar para ser maestra Jardinera y de Nivel Inicial. Con el tiempo se dio cuenta de que quería ayudar a los niños en temas de desarrollo y maduración, por lo que decidió formarse en Psicopedagogía. A su vez, le interesa el abordaje desde las problemáticas familiares y ayudar a los niños a avanzar a su tiempo y a su ritmo. Definir esta vocación no fue fácil, pero ser voluntaria en la parroquia en la que estudian sus hijos y en la Peregrinación Anual Juvenil a Luján sin duda fueron parte de la decisión: “ahí es donde también siento que se necesita mucho de gente con recursos para apoyarlos”.

 

El interés por los estudios siempre estuvo latente: “Este era un tema pendiente por mí y por mis hijos, por todos: es un ejemplo, además de todo lo que hay para estudiar y para conocer.”

 

Entre los factores que contribuirán a concretarlo se cuentan los cambios que vivió Carina desde que se mudó: consiguió un nuevo trabajo cuyo sindicato tiene una universidad que dicta la carrera que quiere seguir, así que ahora sí es algo realizable y accesible.

 

Además de esto, influye en su ánimo la serenidad con la que cuenta, el espacio para estudiar, que sus hijos están cómodos y seguros y especialmente, que la energía que sentía que malgastaba en su vivienda anterior, ahora la puede canalizar hacia los estudios: “Primero es difícil organizarse, cuando salís de un lugar, cuando estás incómodo: este año estoy tranquila, tengo un espacio y puedo abrir lugar para cumplir mis metas. No importa el tiempo que te lleve, sino la satisfacción con la que terminas.”

 

 

Hace pocas semanas celebramos la inaguración de la casa de Jesi y Juan pero días después, él se quedó sin empleo. Gracias a la formación de albañilería que había recibido para construir su vivienda con HPHA, empezó a realizar tareas en casas vecinas como la de Mara y Daniel, que construyen dentro del Programa de Desarrollo de Barrios. Esto hace que hoy cuente con una salida laboral que le permite hacer la transición hacia un nuevo trabajo.

Esta es una historia de superación que merece ser contada, especialmente por la actitud con la que Juan encaró esta situación difícil.

 

¿Cuál era tu trabajo?

Tenía un buen trabajo. Trabajaba en Walmart San Justo, en el área de depósito, haciendo carga y descarga.

 

¿Qué hacías antes de esto?

Soy electricista, y antes de entrar a trabajar a Walmart me dedicada a hacer instalaciones eléctricas desde el comienzo de la construcción de casas, pero nunca me dediqué a la albañilería directamente: si bien fui ayudante, nunca fui oficial albañil.

 

¿Qué es lo que aprendiste durante la construcción de tu casa que ahora te sirve como salida laboral?

Hoy, gracias a la construcción de mi casa, me puedo dedicar a esto.

Me dejó como experiencia que cuando nos proponemos algo lo podemos lograr si ponemos un poquito de nosotros, de nuestra capacitación. Gracias a esto edifiqué mi casa y pude aprender qué era lo mejor para nuestro hogar, para poner nuestra semilla en nuestro hogar, y eso, gracias a Dios, me dio lo que estoy haciendo ahora en la casa de Mara y Daniel: puedo aportar en la construcción, en el revestimiento de la casa, en los detalles que lleva edificar la casa.

 

¿Cómo ves tu futuro laboral?

Si Dios quiere que siga trabajando de esto me gustaría: lo que es investigar y aprender me gusta, hay muchas cosas que todavía me faltan. Este es un trabajo donde todos los días estás aprendiendo algo distinto y me interesa como futuro laboral. También electricidad y plomería, y como me gusta, sé que en el transcurso del tiempo lo voy a estar aprendiendo.

 

Guillermo fue uno de los primeros inquilinos en el edificio Estela de Esperanzas, y está próximo a mudarse. Antes de empezar esta nueva etapa, conversamos con él y le pedimos que nos contara cuáles fueron todas las incertidumbres y desafíos que tuvo que sortear para llegar a este momento.

 

Los invitamos a escucharlo y a conocer como la historia de vivienda de una persona la pueden condicionar en el resto de los aspectos de su vida.

 

“Las herramientas las tenía, lo que no tenía eran las posibilidades”

 

 

 

 

 

El pasado sábado 13 de julio tuvimos nuestro encuentro anual de Voluntariado: toda una mañana de intercambio en la que compartimos experiencias y novedades. Contamos especialmente, con el dictado de un Taller de Proyección de Metas facilitado por Jorge Inda (Couch de empleo).

 

Entre rondas de mate y reflexiones sobre la vida, Jorge nos fue introduciendo en una dinámica de introspección grupal, donde cada uno pudo indagar diferentes aspectos de su vida personal y a su vez, recibir más herramientas para construir un equipo de voluntariado con mayor unidad, fuerza y motivación que contribuya tanto a nuestra organización como a la comunidad. Los asistentes al taller recibieron un certificado para sumar a sus antecedentes de capacitación.

 

Este es parte de una serie de encuentros en los que desde Hábitat para la Humanidad Argentina buscamos brindar a nuestros voluntarios el reconocimiento  que merecen por todo lo que ellos nos ofrecen a nosotros y a las familias día a día.

 

El 8 de junio de 2019 vivimos con la familia de Norma y Jorge la Dedicación de su Casa Semilla, junto a familiares, vecinos y amigos. Fue un momento de celebración, pero que también nos permitió conocer más de su historia y recordar el camino recorrido para llegar hasta este punto.

 

A fines del 2017 empezaron a construir su casa con Hábitat para la Humanidad Argentina dentro del Programa Desarrollo de Barrios del Barrio Los Ceibos, en González Catán. Jorge cuenta: “Fue todo un proceso y un aprendizaje, se aprendió mucho de otros puntos de vista. De no saber nada, hicimos una casa. Nuestro sueño era tener nuestra propia casa de material, 26 años vivimos en la casita”. 

 

Están juntos desde hace 28 años, y vivían con tres de sus hijos en una casilla que comparten desde hace 26, aunque su familia es más numerosa. El hacinamiento y las precarias condiciones habitacionales de hundimiento del terreno, paredes de madera y techo de chapa por el que se filtra la lluvia afectaron la salud de Norma que sufre de diabetes, hipertensión y de problemas respiratorios y de movilidad. Estas viviendas, además, se ven mucho más perjudicadas por el deterioro propio del paso del tiempo.

 

Norma es ama de casa y dicta lecciones sobre la Biblia en la Escuela Dominical de la Iglesia a la que pertenece y donde también cocina para los chicos. Jorge, de oficio electricista, estuvo trabajando muchos años como encargado de una escuela, haciendo un reemplazo, y justo al momento de empezar la construcción de su casa se quedó sin trabajo. Dentro de la desesperación encontraron el lado positivo: Norma se ocuparía de las compras y lo administrativo y Jorge de las tareas de autoconstrucción que no habría podido llevar a cabo de otra forma, y mientras tanto realizó trabajos temporales y siguió buscando un empleo fijo. Afortunadamente, el día de la Dedicación ya hacía tres semanas que Jorge estaba trabajando.

 

En el pasado, la familia había intentado mejorar las condiciones del lugar donde vivían: a pesar de contar con un lote propio, en su historia cuentan una estafa y abandonar una construcción por falta de dinero. A pesar de todo esto, las ganas y la determinación de esta familia la llevaron a emprender el desafío de modificar su realidad de vivienda, algo que dicen, nunca habían podido hacer. 

 

 

 

Norma y Jorge junto a Gabo, del equipo de HPHA. Atrás se ve la casilla que fue reemplazada por una nueva realidad habitacional.

 

Al saber de Hábitat en el barrio, Norma se acercó al Club Beromama, donde se brindaba información a las familias: “Nos acercamos a Hábitat en dos etapas: en el Beromama no se pudo hablar porque la gente decía que se necesitaban muchos requisitos”. Así que Norma dio media vuelta y se fue. Pero otro día, Jorge estaba en la vereda: “Venían los chicos de Hábitat con la remera y empezó la charla: me invitaron a los talleres,  fui a llevar los papeles del terreno, aprendí a hacer economía para la autoconstrucción y después fueron trayendo gente”. Sus hijos se involucraron muchísimo en lo constructivo y aprendieron cada día.

 

El momento de más emoción fue cuando recordaron a los grupos de voluntarios y a los amigos como Juan, albañil y vecino que en el momento más difícil, de desempleo de Jorge, no dudó en ir a ayudar en la obra. También tuvieron presente a los voluntarios de Aldea Global provenientes de Estados Unidos: “Nos entendíamos en el idioma del amor”.

 

Entre lo que queda de esta experiencia, Norma resalta: “La amistad que se formó con las personas que trabajan en Hábitat: cuando uno quería bajar los brazos, ellos venían y te decían: ¡Adelante! Hay que estar en el momento, habían veces que estábamos mal y había que darle para adelante.” 

 

Celebramos el nuevo comienzo que hoy vive la familia: recordamos cuando a la segunda hilera de ladrillos Norma ya imaginaba la puerta que quería para el baño, o la alegría y entrega con que recibieron a todos los voluntarios que fueron a ayudarlos a construir su casa. Para Nico, uno de los hijos de la familia, una nueva casa significa tener un lugar para estudiar, iluminado, muy distinto de las condiciones de la casilla. Esto permite que hoy esté evaluando qué estudios emprender. Entre sus elecciones posibles está Inglés, interesado en otras culturas después de conocer a los voluntarios de Aldea Global.

 

Jornada de Construcción junto a los voluntarios de Bloomberg, empresa que auspició la vivienda.

Esta historia nos confirma, como tantas veces decimos, que las personas solo necesitan una oportunidad. En palabras de Jorge: “Es una experiencia hermosa, es vivirlo para poder contarlo”.

 

Mirá brigada de fe en acción del 2018 en su casa en construcción, cuando los voluntarios colocaron en los ladrillos mensajes de amor y esperanza para la familia.

“Mi mejora es lo que más anhelaba en este mundo”. Estela es conocida en su barrio por muchas cosas: entre ellas, por las empanadas y tortas fritas que hace y que le convida a todo aquel que va a su casa, además de ser un gran ingreso para el hogar. Su esposo es jubilado y en la vivienda en la que criaron a todas sus hijas, durante 25 años no pudieron hacer ninguna reparación o mejora: el techo se volaba y recuerda que cada vez que llovía tenía que sacar corriendo todo de la cocina para que no se arruinara. Uno de los dormitorios no contaba con ventana ni piso porque no pudieron terminarla.

 

Las mejoras que llevaron adelante con Hábitat para la Humanidad Argentina incluyen el dormitorio con ventilación y piso nuevo, y pintura de la cocina, con techo e iluminación. La casa cambió completamente, lo que llena de felicidad a toda la familia. Pero además del hecho de que, como dice Estela, “no se llueve ni una gota”, cuando estaban finalizando la obra, su hija menor sufrió un grave accidente en moto. La habitación nueva estuvo lista justo cuando debió trasladarse al hogar para cuidados especiales: “La recuperé, puedo tener a mi hija acá porque después del accidente no puede estar sola. Hace 7 meses que está sentada, quemada, el doctor me decía que tenía que estar ailslada, en un lugar donde no tenga nada”.

 

Una mejora en una vivienda puede llegar a generar mucho impacto: es un cambio material que en muchas ocasiones sirve de motivación para avanzar con otras, de forma continua y progresiva, pero que de por sí es muy significativa, especialmente cuando es realizada por los propios habitantes.

 

En este caso, representó condiciones de salubridad e higiene para un paciente en recuperación, además de una mayor estabilidad para quienes habitan la casa. “Yo pienso que Dios me dijo: te tocó a vos porque lo vas a necesitar.

Lo primero que se escucha invocar a este matrimonio cuando cuentan su historia de vivienda refiere a cambios de trabajo, problemas de salud y pérdidas cercanas. Están juntos desde hace más de 20 años y tienen cuatro hijos. A pesar de una “adolescencia complicada” reconocen que pudieron salir adelante gracias a su Fe y a la fuerza interior y apoyo mutuo. Parte de esos problemas estuvieron relacionados con el terreno, una casa donde entraba humedad y que Fernanda describe así: “me llovía todo el techo, yo siempre lloraba porque quería un cambio y no podía. Yo soñaba con arreglar mi techo, con pintar, poner cerámica, pero en realidad yo jamás pensé que iba a tener mi casa”.

 

Su historia con HPHA empieza el día en que alguien del equipo pasó por su casa y los invitó a los talleres de Economía Familiar y sin mucha expectativa, decidieron anotarse. Acababa de fallecer la mamá de Javier y estaban un poco desanimados, sin embargo, se turnaron y lo fueron completando como un requisito previo a postularse para construir la Casa Semilla.

 

Recuerdan que se traumaron un poco al completar el ejercicio de ingresos y egresos: “Cuando vimos lo que entraba y lo que salía dijimos: acá rebotamos: gastamos más de lo que entra, no nos queda nada”. Pero reconocen que esto también los ayudó: aprendieron a diferenciar en qué no era importante gastar para poder ahorrar y administrar los recursos.

 

Una vez que les fue confirmado el financiamiento para la vivienda empezó una nueva etapa: el proceso de construcción. La experiencia de ir por etapas, viendo crecer la casa, para Javier, que es albañil, fue un ejercitar la paciencia para ir al ritmo de lo programado. La gestión del crédito que hicieron fue excelente: avanzaban más rápido de lo esperado, buscaban precios y pudieron agregar detalles a la casa que no estaban contemplados.

 

La fuerza y ganas que les transmitieron todos los voluntarios que fueron, especialmente de la empresa P&G, son una parte fundamental de esta historia: “Así fuimos aprendiendo, en cada etapa, con cada brigadista que ha venido y que fuimos conociendo, compartiendo nuestra vida”. Un recuerdo especial conservan de los voluntarios de Aldea Global: “En cuatro días y media hicieron los pozos, los encadenados, pusieron las maderas, y terminaron la etapa cimientos. Esto animó a toda la familia a sumarse en pequeñas tarea en la obra.”

 

Hoy esperan otro hijo y ya están viviendo en la casa que habían soñado. En palabras de Fernanda: “Aunque no lo crean, siempre soñé con tener una bañera en mi casa y con tener un jardín. Tener el calor, la estufa, el gas natural, termotanque, disfrutamos de todo. Es todo nuevo y es disfrutar“.

 

Barrio Los Ceibos, González Catán – La Matanza

Seguimos apostando a dar respuesta directa a quienes buscan cambiar sus condiciones de vida y pueden hacerlo a través de un alquiler en condiciones justas. Aprendemos de estas personas la fuerza para superar los obstáculos y no dar marcha atrás de ninguna forma.

Carlos, uno de los primeros inquilinos en llegar al programa de alquiler social de HPHA se mudó a fines de octubre para ir a alquilar formalmente.

 

Vivió muchos años en un conventillo, pagando con puntualidad un valor injustamente similar al del departamento que alquiló en Estela de Esperanzas. Recuerda cuando con su pareja conoció el proyecto pero reconoce que les costaba creerlo, “no entendíamos por qué nos querían ayudar”. También que una de las cosas más críticas de su vida en el conventillo era lo difícil que resultaba dormir por los ruidos y el agua que entraba por la ventana cuando llovía.

 

Hoy valora muchísimo la formación que recibió en el Taller y que haya podido leer y entender su nuevo contrato de alquiler. “Estoy muy agradecido por esos dos años de paz que me dieron. Me cambió la calidad de vida, pude dormir mejor, descansar mejor”. Próximo al vencimiento del contrato empezó a indagar sobre los distintos tipos de garantía existentes pero reconoce que “sigue siendo difícil alquilar”. Finalmente, una tía le presentó al dueño de un PH y no tuvo ningún inconveniente en cerrar trato en buenas condiciones.

 

Siempre fue un excelente vecino, dispuesto a participar y a ayudar y al irse dejó el departamento recién pintado y en perfectas condiciones. El caso de Carlos es un ejemplo de por qué deben cambiar las cosas.

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