Informe Global sobre la Vivienda

Un hogar, pero ¿a qué costo?

Un informe mundial sobre cómo influye la vivienda en la seguridad, el bienestar y las decisiones más importantes de la vida

“Creo que la vivienda influye en cómo nos desarrollamos como personas”, dice Ksenia, de 23 años, quien alquila una casa en una ciudad costera al sur de Dublín, Irlanda. “Tener un espacio que sé que es mío puede abrirme muchos caminos nuevos y diferentes”.

Joanette, de 64 años, vive en la casa que ha pertenecido a su familia durante casi siete décadas en Trinidad y Tobago, y no puede imaginar su vida sin ella. “Este es mi reino”, dice ella. “Esta es mi zona de confort. Mi hogar es todo para mí”.

Este informe se basa en una investigación original de opinión pública, encargada por Hábitat para la Humanidad Internacional, para comprender mejor la forma en la que las personas experimentan la vivienda en su vida diaria. El eje central de la investigación es una encuesta pionera realizada a más de 30 000 personas en 22 países, entre ellos, Irlanda y Trinidad y Tobago, entre abril y junio de 2026. La encuesta fue anónima, por lo que, aunque Ksenia y Joanette no participaron directamente, los resultados muestran que en todo el mundo las personas coinciden en que existe una relación muy estrecha entre el lugar donde viven y su calidad de vida.

Casi 9 de cada 10 personas encuestadas (89%) afirman que una vivienda segura, cómoda y confiable ayuda a mantener la salud mental. La misma proporción considera que una vivienda segura y adecuada es un derecho humano básico, y casi la misma cantidad de madres y padres (87%) afirma que es importante contar con un hogar que puedan heredar a sus hijos.

En Argentina, el 83% de las personas aseguró haber reducido al menos un gasto durante el último año para poder afrontar los costos de la vivienda, una cifra superior al promedio global, que se ubica en un 75%. Los recortes alcanzan lo más básico: el 38% gastó menos en alimentos y compras esenciales, el 37% recurrió a sus ahorros o fondos de emergencia y el 35% asumió trabajos adicionales o más horas laborales. Además, el 34% tuvo que elegir entre pagar la vivienda o cubrir necesidades como alimentación, vestimenta o medicamentos. La realidad de las personas que alquilan o las que tienen ingresos por debajo de dos salarios mínimos es aún peor.

 

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