Casas sin personas, personas sin casas y soluciones sin mitos
El debate alrededor del acceso a la vivienda suele estar cargado de mitos y prejuicios. El déficit habitacional en Argentina es estructural y, hoy por hoy, ni el Estado ni el mercado han logrado darle una respuesta.
La conversación alrededor del déficit habitacional siempre parece estar centrada alrededor de la construcción de vivienda nueva. Esta aparente solución atenta contra si misma por los costos directos e indirectos, como, por ejemplo, la necesidad de llevar servicios básicos a nuevos barrios, extendiendo la mancha urbana.
Por eso, es relevante pensar en llevar a las personas a la ciudad y no solo la ciudad a las personas. Solo en el sur de la Ciudad de Buenos Aires, hay 150 mil viviendas vacías. Este dato de CIPPEC, demuestra que existe un parque habitacional con acceso a servicios que podría volcarse al mercado. ¿Y por qué eso no sucede? Una casa vacía no es necesariamente un acto de indiferencia. Muchas veces es el resultado de decisiones racionales tomadas en contextos irracionales. Hay propietarios que no alquilan porque temen perder su patrimonio. Hay terrenos que permanecen improductivos porque las condiciones económicas invitan más a esperar que a desarrollar. Hay inmuebles abandonados porque resulta más sencillo -aunque más costoso- sostenerlos vacíos que ponerlos en circulación.
Esto no solo representa una oportunidad perdida para paliar el déficit habitacional de manera más eficiente, sino que también tiene un impacto urbano: esos inmuebles vacíos se convierten en vacíos urbanos, tramos oscuros e inseguros de la ciudad donde el deterioro avanza sin freno y proliferan plagas y riesgos sanitarios, que van desde el contagio de enfermedades como el dengue a la degradación edilicia.
Mientras tanto, del otro lado, tampoco encontramos únicamente una demanda insatisfecha. Encontramos trayectorias de vida suspendidas. Jóvenes que retrasan proyectos familiares porque no pueden independizarse. Trabajadores que destinan una parte cada vez más creciente de sus ingresos al alquiler. Familias que se alejan cada vez más de los centros urbanos hasta que el costo del transporte termina anulando cualquier ahorro impactando en la calidad de vida.

