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Silvana (28) y Nicolás (26) se conocen  desde niños, ya que ambos nacieron en el barrio de El Saladero. Desde el 2009 son pareja, y vivieron separados hasta un año después de la llegada de su primera hija, Mía, que ahora tiene 9 años. A partir de ese momento viven juntos y esperan a su segundo hijo.

 

Hace un tiempo la familia se mudo a una pequeña vivienda sobre un terreno que compraron unos años antes. Por la falta de dinero les costó mucho construir y muy de a poco, con sus ahorros, construyeron una vivienda de una sola habitación donde pueden dormir, comer y cocinar.

 

Silvana es ama de casa y Nicolás trabaja como albañil en una obra.

 

La familia se acercó a HPHA cuando comenzaba a trabajar en Bahía Blanca, y participaron de todos los talleres previos a la postulación para la Casa Semilla que se dictaron en el Centro de Jubilados, donde el padre de Silvana es referente comunitario.

 

Así es como en marzo de 2017 fueron seleccionados y se encuentran construyendo su vivienda, la primer Casa Semilla que HPHA facilita en Bahía Blanca en alianza con la empresa Dow. Una vez que se hayan mudado a la nueva casa, planean transformar la que viven actualmente en un local comercial donde iniciar una peluquería.

 

Silvana y Nicolás son conocidos en el barrio desde pequeños y cuentan con padres, hermanos y abuelos dispuestos a ayudarlos durante la construcción. La hospitalidad y la forma en que se brindaron desde el comienzo conquistó a los voluntarios locales y extranjeros, quienes esperan ver muy pronto la casa terminada y a la familia viviendo segura y tranquila en ella.

Felicidad por la misión cumplida

 

La familia Silva–Miranda siempre será especial para Hábitat para la Humanidad Argentina: sus hijos fueron los primeros niños en los que pensar, la primera palada con vecinos y voluntarios. Pero especialmente, por depositar la confianza en el cambio a través de una vivienda adecuada. Una familia que, con tenacidad y esfuerzo, consiguió transformar sus condiciones de vida y construir un destino abierto a la esperanza.

 

La familia Silva–Miranda fue una de las dos primeras en construir una casa con Hábitat para la Humanidad Argentina en Luján, Provincia de Buenos Aires. Tras vencer numerosas dificultades desde los inicios en el 2002, consiguieron pagar la totalidad del crédito. Hoy, poseen una casa íntegramente de su propiedad. La Directora de Hábitat para la Humanidad Argentina, Ana Cutts, junto a Patricia Caviezel y Celina Malvazo -quienes participaron de los comienzos de la construcción- visitaron a la familia para hacer el cierre de esta etapa y recordar sus inicios.

 

Los hijos del matrimonio, Beto y Celeste, aún recuerdan los detalles de esos tiempos y el armado del hogar. Laura expresa cómo, la primera noche, la emoción de su familia era mucho más fuerte que su sueño. La familia vivía bajo un modelo de vida precaria y, según Laura “cambiar a esta casita fue lo más importante para los chicos y para nosotros”. Los niños sólo podían hablar de la alegría de poseer una habitación propia y una cocina separada, además de un comedor donde disfrutar de diarias cenas familiares; “ellos están contentísimos. No están de prestado. Es de ellos”, relata Laura.

 

Desde el comienzo del proyecto se decidió la construcción de la casa en una superficie elevada. Esta decisión fue tomada debido a la cercanía con el río y el riesgo de inundaciones. Así, con la crecida de agua en la zona, esta no llegaría hasta la casa, lo que representa una gran tranquilidad para la familia: “Los chicos veían un poco de viento o de lluvia y se asustaban, en cambio acá no les afecta”.

 

En el proceso de construcción, la familia Silva-Miranda sufrió un período de desocupación laboral. Su preocupación iba más allá: la demora en el pago de la mensualidad podía afectar a otras familias en la construcción o mejoras en su casa. Conocidos de la familia los ayudaron a conseguir empleo y así llegaron al pago final. Ahora que falta solo el trámite de levantamiento de hipoteca –indispensable para tener disponibilidad total sobre su casa-, Laura piensa en todas las personas que conoció: “lo que más recuerdo es la ayuda de la gente, lo que nos vinieron a ayudar”. Para ella, que trabajasen al lado suyo como uno más, ayudando y alentando, le demuestra cómo, según sus palabras, han sido y son una gran familia.

Néstor y María  son una pareja que vive en Recreo, Prov. de Santa Fe, y están casados hace 10 años. Sus hijos son Macarena (8 años) y Joaquín (4). Él trabaja en una fábrica de alimentos para animales de campo y mascotas y ella es ama de casa.

 

Desde el 2013 viven en el barrio Comunal III (Proyecto Levantémonos y Construyamos) en una casa que autoconstruyeron con ayuda de HPHA con la metodología Casa Semilla. Antes vivían en el Barrio Nobleza, en una casa con mucha humedad y muy precaria, sin divisiones que compartían los cuatro.

 

Como familia comparten el hobby de pescar juntos. Esa costumbre la heredaron del padre de María que nació en Villa Ocampo* (es una ciudad situada al noreste de la Prov. de Santa FeRepública Argentina).

 

Allí, María aprendió a pescar con su papa de niña y conserva esta costumbre con su esposo e hijos.

 

*Pertenece a un distrito que tiene una superficie de 70.000 hectáreas, de las cuales 27.400 corresponden al valle aluvial del Río Paraná. Estas tierras son consideradas parte de la Cuña Boscosa Santafesina (una porción del chaco húmedo con una mezcla de bosques, sabanas, palmares y pastizales).

Verónica y Cristian son una pareja joven de aproximadamente 37 años. Se conocen desde chicos, del barrio, y están casados hace 16 años. Tienen 3 hijas: Azul (12 años), Sol (9 años) y Pía (4 años).

 

Ellos viven en uno de las villas más carenciadas de la zona oeste de Santa Fe. Ambos nacieron y se criaron en el barrio. Él es músico en un grupo de música tropical santafesina y ella limpia edificios. Vivian en condiciones de hacinamiento, dormían todos en una sola habitación y no tenían espacio en la casa. Había mucha humedad en las paredes. Ellos son beneficiarios de la metodología Casa Semilla.

 

Su vida cambió visiblemente, luego de lograr su solución habitacional con Hábitat para la Humanidad Argentina. Se enfocaron más en la educación de sus hijas y actividades extracurriculares (Azul es una destacada alumna de patín). También, lograron comprar un medio de transporte para organizarse como familia en los traslados de escuelas y trabajos de la familia. Fue un cambio muy positivo para ellos y un testimonio para sus familias de que con esfuerzo se pueden lograr las cosas.

 

Cristian colabora comunitariamente con la escuelita de música del barrio y le da clases de percusión a niños de 6 a 9 años con el propósito de que a través de la música se expresen, pero también para evitar que adquieran el habito de adolescentes  de estar en la calle y adquieran malos hábitos como delinquir o consumo de drogas.

 

 

Dora es de Recreo, Provincia de Santa Fe, y nunca se dejo vencer por las circunstancias. Cuando empezó a construir su casa con HPHA en el 2007 estaba a cargo de sus tres niños y vivía en una casa precaria que no era propia. Ya entonces su actitud proactiva y de mujer de fe hicieron que construyera su casa, y junto a ella nuevas posibilidades de futuro para su familia. Finalizó el pago de su crédito el año pasado, por lo que su casa ya es totalmente de su propiedad.

 

Dora es modista y tiene su taller de costura en su casa, donde confecciona uniformes para una tienda de Santa Fe. A sus actividades le suma artesanías que vende localmente en su bici. Además, es una participante activa de una iglesia Cristiana Evangélica de Recreo sur.

 

Ha sido una familia voluntaria de HPHA por algunos años y ha colaborado en las Mesas de Trabajo Barrial vecinales, participando de actividades comunitarias como la Primera Jornada de Trabajo Barrial que se organizó en la localidad. Su vocación de ayudar a los demás hace que hoy colabore como voluntaria en las actividades que organiza su iglesia (copa de leche, apoyo escolar, entre otros) y brinde apoyo espiritual en su comunidad de fe.

 

Historias como la de Dora nos demuestran lo básico e importante que es resolver el tema de la vivienda en forma prioritaria. Nos inspira saber que a partir de allí se pueden ordenar el resto de los aspectos sociales y económicos en la familia y que el crecimiento de las personas es posible en el seno de una casa adecuada.

 

La familia Viñas Ubiedo es parte del proyecto Reconstruyendo Santa Fe Casa por Casa, que fue el primero que se realizó esta ciudad posterior a la catástrofe hídrica donde dos tercios de la misma fueron tapados por el agua debido al desborde del Río Salado en el año 2003.

Esta familia de la zona Oeste, la más afectada, fue una de las que respondieron a la convocatoria abierta que hizo HPHA en el 2004.

Mariela y Mario vivían en condiciones muy precarias pero tenían un terreno sobre el cual construir su casa. La familia está compuesta por el matrimonio y un hijo que ya tiene 14 años. Él es guardacárceles y ella es ama de casa.

Lo que caracteriza a esta familia es la gran voluntad para participar activamente y la solidaridad con los demás, además de haber mantenido contacto permanente en actividades y talleres. Las horas de autoconstrucción o de ayuda mutua se cumplían pese a tener Mario un horario laboral de 24 x 48 (trabajaba 24 y descansaba 48). Si no era en su propia casa, parte de su tiempo de descanso lo destinaba a ayudar a vecinos que estaban construyendo en simultáneo.

Siempre se tomaron con mucho compromiso la oportunidad que tuvieron y fueron muy formales en los pagos, pese a dificultades que han tenido, y en el trato con el equipo y los voluntarios. Ellos sentían que debían valorar como un voto de confianza el gesto recibido para que tuvieran su casa y a su vez,  tenían presente el compromiso asumido: sabían que su pago nutría el fondo rotativo y le daba oportunidades a más familias que debían resolver su situación habitacional.

Fueron seleccionados varias veces como ganadores de premios de Concursos organizados por HPHA, por el incentivo que tienen siempre en participar.

Ya finalizaron de pagar su crédito y están en trámite de levantamiento de hipoteca. Hace pocos días manifestaron su interés de empezar a ser donantes del Fondo Hogares.

 

Hábitat para la Humanidad Argentina participa del proyecto Samsung Nanum Village junto a otras organizaciones, en esta área de la Provincia de Formosa, Gran Chaco Argentino.

Allí, facilitó el diagnóstico de las necesidades habitacionales del lugar y lleva a cabo un programa de otorgamiento de créditos para mejoras de viviendas.

Las familias son quienes realizan las mismas, con acompañamiento social y asesoramiento. De esta forma, se busca incentivar la capacidad latente en la comunidad, optimizando los recursos existentes y trabajando asociadamente con distintos sectores para la mejora tangible de las condiciones de vida en el lugar.

Celina y Mariano se conocen hace ocho años y conviven hace seis en el puesto denominado La Ceiba en Paraje El Quebracho, Provincia de Formosa. Ambos son productores ganaderos. Durante las actividades de diagnóstico habitacional realizadas por HPHA, Celina fue una activa participante, demostrando un fuerte compromiso por mejorar su calidad de vida y postulándose para un microcrédito de mejora para su vivienda. El tipo de mejora detectado estaba relacionado con una cisterna para la captación de agua: las casas de este lugar deben proporcionar una estrategia para su acopio y recolección. Así, iniciaron el cavado del pozo y la construcción con la ayuda de voluntarios y apoyo técnico pero especialmente, tomando sus propias decisiones y acciones.

Fuimos a visitar a Celina y Mariano a pocos días de haber finalizado la obra, y nos cuentan hechos de su historia relacionados con el acceso al agua: “Ya hace nueve años que del Bañado La Estrella para acá, a los pozos naturales no les dura el agua más que cuatro o cinco meses. En esa época una hermana me dijo: tenés tantas botellas, juntemos agua. Llegué a juntar hasta unas 500 botellas de agua para esta época, porque las lluvias grandes se esperan en enero o febrero”. De ahí pasaron a un sistema de acopio a través de tambores prestados por la comunidad, descartando las botellas. Hasta antes de tener la cisterna, arriaban las cabras hasta 8 Kms. diariamente para tomar agua. El Gran Chaco Argentino es la segunda ecorregión boscosa más extensa del continente americano. Paraje El Quebracho se ubica en la subregión denominada Chaco semi árido, una vasta planicie de bosques adaptados a la sequía, con altas temperaturas y vientos secos, escasez de agua e inundaciones cíclicas. Aquí conviven poblaciones de origen criollo y aborigen, especialmente wichi y qom-lec. La convivencia es cada vez más usual e incentivada por las distintas instituciones con presencia en el territorio. Las viviendas de esta zona se configuran en torno al acceso a agua.

Nos despedimos de Celina y Mariano queriendo volver pero sobre todo, esperando que pronto muchas más familias tengan acceso a viviendas seguras y adecuadas, lo que incluye el acceso a este recurso básico y fundamental que es el agua. 

Septiembre 2016

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